Primero, entender qué se rompe de verdad
Antes de armar cualquier catálogo pasamos meses anotando qué herramientas fallaban en manos de gente que no es profesional. Casi siempre eran las mismas: destornilladores con puntas que se redondean al segundo mueble, llaves ajustables que se aflojan solas y cintas métricas que pierden el freno. Esa observación definió qué marcas entran y cuáles no.